El Mercado de San Lorenzo para todos los sabores.

No salgo de mi asombro al comprobar que, escondido bajo este vetusto edificio de hierro fundido y cristal, se encuentra uno de los lugares gastronómicos más fascinantes que he visto nunca. Una mezcla coral de deliciosos olores me dan la bienvenida cuando subo unas escaleras mecánicas a la segunda planta. Dejo atrás la noche invernal de Florencia para adentrarme en un mundo de luces y sabores.

 

Todo el día recorriendo innumerables pasillos abarrotados de arte que, provocan cansancio por acumulación, recorremos las calles de Florencia en una noche ya cerrada en dirección al hotel. En el camino encontramos la plaza de San Lorenzo y su basílica, Cientos de puestos de ropa, cerámica, artículos de cuero…rodean esta plaza. Nos adentramos en las calles buscando algún lugar para cenar. Con una iluminación tenue sobresale a todos los puestos un edificio de estilo clásico y moderno, debe ser el Mercado Central de San Lorenzo. Para nuestra sorpresa está abierto hasta las 12:00 pm.

Al acceder a la planta superior un carnicero, detrás de su puesto de su puesto, golpea de forma enérgica su afilado cuchillo contra un trozo de carne. Son las 7 pm, mi extrañeza sigue aumentando. El murmullo típico de los mercados es ahogado por los altos techos del edificio. Como si se tratase de otro museo, vamos caminando por los diferentes puestos que rodean toda la planta superior, el cansancio es sustituido una incontinencia salival que impide abrir la boca por asombro. Carne a la brasa, pizza, pasta, comida vegetariana, quesos, helados, vinos… y hasta una librería!!

Todo lo que se puede esperar de la cultura y tradiciones culinarias de Italia. 

Centenares de mesas y sillas esperan al ávido comensal, me pido una hamburguesa con una carne exquisita y queso típico de la Toscana, acompañado por una copa de vino de Chianti. La comida vegetariana es el menú de mi compañera y nos reunimos en una mesa para despachar esta sabrosa comida. A medida que apago mi ansia devoradora voy observando los detalles de este edificio poliédrico. Enormes lámparas cuelgan del techo de hierro fundido que, con los enormes vidrios y luces de colores, crean un universo moderno y cálido. De una forma sugerente nos muestra que el gran protagonista es la comida y la clásica manera de cocinarla. No hay secretos. Todo se despliega ante nuestra mirada.

Un gran restaurante para todos los sabores y a un precio asequible.

Al día siguiente repetimos por la mañana, pero esta vez entramos a la planta baja. El edificio multicolor de ayer da paso una construcción sobria pero muy iluminada. Sus numerosas arcadas protegidas con vidrio dejan pasar la iluminación del exterior y me recuerda a las galerías comerciales de París. Los puestos en la planta superior están abiertos, pero al ser temprano hay poca gente y algunos están cerrados. Recorremos la planta inferior donde la venta de carne, pescado, verduras y frutas nos recuerdan a los mercados de nuestra tierra. Nos sacan de esta familiaridad unos puestos de venta de productos típicos de la Toscana que, cuidadosamente preparados para el turista o para el curioso, nos dan a probar algunos productos que nos traemos a España.

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