Madeira: una Nochevieja verde (I)

El anfiteatro natural está preparado pero el decorado romántico no está completo, en ese instante escucho silbar los primeros cohetes en dirección a la noche estrellada; en pocos minutos el oscuro cielo pasa a ser una feria multicolor de luces, acompañado de los continuos estruendos cuando explotan en el aire. Los fuegos artificiales son pura química al igual que las sensaciones de asombro y emoción que crean en mi cabeza. Carbono, magnesio, calcio, nitratos, cloratos…yo sólo veo poesía y me recuerdan a las palabras del poeta Goethe “un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas”.

01012014-DSC01999

El día de ayer lo pasamos entre aeropuertos y estaciones de tren; retrasos y corrientes de aire invernales nos provocan un estado griposo, que con la ayuda de antihistamínicos y gran ilusión por explorar la isla, nos levantamos más animados.

Aprovechamos el brillante día soleado para subir hasta el Pico do Areeiro por una carretera; rodeada de casas colgadas sobre empinadas montañas en las laderas bajas, posteriormente con bosques de altos árboles, y finaliza en unos picos desérticos donde la carretera se pierde en la inmensidad de una nebulosa blanca y espumosa.

 

Pronto atravesamos las nubes y llegamos al Pico do Areeiro.

 

29122013-DSC01332

Desde la poblada atalaya, al Sur podemos ver perderse un manto blanco en el confín del Océano Atlántico, mientras en el Norte irregulares aristas agudas luchan por hacer sombra unos a otros. Hacia este mar de montañas nos dirigimos.

 

Plantas escarchadas, piedras a medio congelar y paredes que gotean; nos encontramos en un soleado día invernal.

 

 

La senda hacia el Pico Ruivo serpentea colgada a lomos de los empinados riscos; una especie de pasamanos al lado de los escarpados precipicios nos acompaña toda la ruta reduciendo la sensación de vértigo. Es imposible perder la ruta, pero el suelo resbaladizo se empeña en mantenernos alerta en las pisadas. En algunos tramos pequeñas avalanchas provocadas por las lluvias cortan el paso, que en ocasiones se pueden sortear y en otras es imposible. Como nos sucedió en el p.k. 4,2, de este modo y después de realizar un pequeño rodeo desandamos nuestros pasos para llegar al aparcamiento.

29122013-DSC01376

Los húmedos alisios soplan fuerte en las zonas más expuestas que junto con el sudor del ejercicio, atraen un constipado inoportuno.

 

Después de un breve trayecto con el Clio llegamos al Parque Natural de Ribeiro Frío. En la tranquilidad de este escarpado valle rodeado de montañas; nos comemos unos bocadillos a orillas de un arroyo con aguas serenas. El silencio de la campiña es perturbado por los ruidosos viajeros que llegan de forma escalonada en autobuses, para realizar alguna de las numerosas rutas o visitar unas piscinas de truchas cautivas. Algunos bares y tiendas de ropa tradicional reciben al turista.

 

A pesar que al día siguiente tenemos que regresar y como nos queda algo de tiempo nos acercamos al turístico pueblo de Santana. Varias casas de fachada triangular y el característico angulo que forman en el tejado a dos aguas nos reciben a los curiosos turistas. Aquí se les conoce como Palhoças, pero al igual que sucede en el levante español con las barracas, las cubiertas son de paja o caña con similar distribución y geometría. Los colores vivos en las puertas y ventanas atraen nuestra atención.

De regreso al hotel pasamos por el brazo Ponta de São Lourenço para disfrutar del atardecer. No hemos llegado al brazo montañoso que se adentra en el mar pero un curioso pueblo en un acantilado me alerta de una buena fotografía. El sol busca la montaña que se adentra en el océano; mientras unas casas blancas con colores vivos dominan en lo alto de un suave acantilado, un pequeño embarcadero y un faro. El placentero atardecer bañado de colores cálidos se ve alterado por la actividad de algunos barcos que salen del embarcadero o las gaviotas haciendo el último vuelo del día; aportan a la escena un dinamismo cautivador.

30122013-DSC01533

La segunda noche no ha sido mejor que la anterior pero debemos madrugar para realizar nuestra siguiente ruta en el macaronésico Parque Forestal de Queimadas; un bosque de laurisilva muy común en esta isla; que lo dominaba en toda su extensión antes de la llegada de los primeros colonizadores. Ahora tenemos que disfrutar de este pequeño oasis y lo hacemos a través de alguna de sus famosas levadas; elegimos Caldeirão Verde-Caldeirão do Inferno.

Una gélida humedad nos acompaña en toda la ruta donde siguiendo el curso de agua de un canal nos adentramos en las profundidades de este enorme bosque de laurisilva.

30122013-DSC01597

30122013-DSC01646

Caminando en fila por el estrecho sendero en algunos tramos y, en otros atravesamos unos oscuros túneles excavados a mano, llegamos a un enorme pared rocosa circular. La geometría y la densa vegetación nos envuelve en este imponente circo rocoso donde el protagonista es una cascada con un lago en su base; hemos llegado a Caldeirão Verde. La ruta hasta ahora no presenta desnivel alguno, no obstante la concentración en las pisadas por el terreno resbaladizo nos exige un esfuerzo adicional.

Acomodada la visión al rango cromático del color verde repartido en las diferentes especies endémicas, nos dirigimos por la irregular senda pegada a nuestro siguiente objetivo: Caldeirão do Inferno.

30122013-DSC01676

 

 

En los siguientes kilómetros sufriremos los esfuerzos de la etapa anterior y de un constipado expectante.

 

El canal de agua con algunos desniveles sortea los accidentes naturales que encuentra a su paso y nosotros como fieles vigilantes lo seguimos en su recorrido hasta llegar a unos empinados escalones. Desde aquí podemos apreciar unas pequeñas cascadas que sobresalen del tupido manto verde vertical. Debemos ascender para encontrar nuestro malogrado objetivo. Una red de galerías nos aguarda al final de los escalones, unos cortos a la derecha y otros largos y oscuros a la izquierda.

Me recorre un gélido escalofrío cuando enciendo el GPS del móvil y compruebo que no hay cobertura. No pasa nada, en la fingida apariencia de serenidad y bajo la atenta mirada de mi compañera; abro la mochila para localizar el papel donde tengo explicada la ruta. Revuelvo inútilmente el interior hasta no encontrar el famoso papel; mi fingida confianza se ensombrece mientras mi compañera se deshace en un torrente de maldiciones y reproches. Herido en mi orgullo trato de hacer memoria en la descripción de la ruta que tantas veces había leído anteriormente. Busco una solución rápida y desesperada para tranquilizar mi febril compañera; los alargados brazos del constipado han atrapado su ánimo.

Poco convencido me adentro en las cortas galerías de la izquierda y como acompañantes: el murmullo del agua y la frustración.

 

Continuará.

 

 

Anuncios

One comment on “Madeira: una Nochevieja verde (I)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s