Scenic Byway 12 – 24: en el camino del Oeste (I)

Entregado a las numerosas interrupciones de la pasada noche cogí el volante y me enfrenté a los 600 km que hoy nos aguardaban. La noche aún era cerrada y pocos coches nos encontramos en la mojada carretera dirección a la Tierra de Cañones. Este día vi desplegarse ante mis ojos el salvaje estado de Utah.

 

Con las primeras luces del alba llegamos al aparcamiento para empezar una pequeña ruta de aproximación al Mesa Arch. Las fotografías y opiniones que vimos del amanecer en este lugar nos sedujeron para realizar esta visita desde el cercano pueblo de Moab. Con la senda bien señalizada y hollada, en poco más de diez minutos llegamos al enorme arco. Nuestra decepción aumenta a medida que nos acercamos al equilibrista agujero donde decenas de trípodes forman un cinturón impenetrable. En una esquina consigo colocarme.

La quietud y el silencio de mi mundo imaginario no están, ni se les espera.

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Mientras espero de forma expectante, observo el movimiento y la actividad frenética que me rodea. Un chico de ojos rasgados va y viene, de un extremo a otro ajustando parámetros en una cámara, explicando a otra persona y dando indicaciones a un tercero. En los ratos libres coge otra cámara y se dedica a fotografiar elementos o paisajes cercanos. La chica de mi lado, ha cambiado la altura del trípode cuatro veces en cinco minutos y el sol sigue sin aparecer. El cielo empieza a aclararse y la única nube de todo el firmamento se ha posado de forma caprichosa delante del sol.

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Todos sabemos que no veremos el amanecer esperado, pero por vergüenza y por el madrugón, permanecemos detrás del inmenso arco.

De regreso a Moab pasamos por varios miradores existentes al lado de la carretera, donde las primeras luces empiezan a colorear las enormes paredes que conforman los infinitos cañones.

Caminos serpenteantes adosados a las empinadas rocas se pierden en el confín de Canyonlands.

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Realizamos el checkout en el camping situado a la orilla del río Colorado y de forma apresurada nos dirigimos a Crescent Junction para coger la interestatal 70, con la única certeza del destino y la incertidumbre de lo encontrado en el camino.

Antes de cruzar el río San Rafael tomamos la highway 24 donde la carretera se alarga en línea recta, no es como conducir a través de las Castillas; es como conducir a través del mundo donde por fin voy a aprender algo del Oeste americano. Curiosas formaciones de piedra arenisca juegan de forma caprichosa en las enormes planicies.

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Fantasear con películas del Oeste o recordar los colonos que cruzaron estas tierras hostiles se repite de forma constante. Cobramos consciencia de la vida humana al ver vehículos abandonados de forma apresurada, antiguas líneas eléctricas sobre postes de madera y por encima de todo destaca, la carretera; único vínculo de unión con el resto de la civilización junto con los pequeños aeropuertos diseminados por las llanuras del desierto.

Llevamos el gps pero es imposible perderse o cambiar de sentido, no hay caminos que entren o salgan a la carretera, estamos solos por esta carretera que parecen unas vías del tren de doble sentido.

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La soledad del paisaje nos detiene en el primer pueblo que encontramos. Hanskville, a orillas del río Fremont, nos proporciona un pequeño supermercado para aprovisionar algunos víveres para el camino.

El marrón y el ocre ya no dominan el paisaje de forma insultante y dan paso a pequeñas formaciones de roca arenisca de colores, morado y violeta. La carretera ya no es una recta y pequeñas curvas van salvando los obstáculos que encuentra a su camino.

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El desierto de Utah se despliega en toda su magnitud salpicado por tímidas praderas y granjas que crecen en el valle del río Fremont; antiguos asentamientos de los mormones a finales del siglo XIX. Este paisaje nos seduce hasta la obsesión de parar en cada curva, en cada subida y capturarlo en nuestra cámara.

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Siguiendo el valiente río Fremont nos adentramos en el corazón de Utah.

Las paredes de piedra caliza se van elevando alrededor de la carretera a medida que nos hacemos más pequeños. Sin apenas percibirlo, estamos cruzando de este a oeste en su parte más ancha el P.N. de Capitol Reef, gracias al corredor natural realizado por el río Fremont. Este parque compone la enorme espina dorsal (Waterpocket Fold) que atraviesa el estado de Utah desde el sur, con el lago Powell, hasta el norte, con los Mil Lagos.

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Los colores brillantes rojizos de las capas de piedras y tierra contrastan con las cúpulas blancas que coronan los picos. El nombre del parque tiene su origen por el parecido con la reluciente cúpula del congreso de USA, Capitol. Mientras que Reef se debe a la cordillera infranqueable o muralla que encontraron los primeros colonos que lo visitaron.

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Dejamos atrás los asentamientos mormones y el espectáculo geológico para llegar a Torrey. Aquí cogemos la highway 12 dirección al Sur.

Nuestros ojos apenas se acomodan a los colores marrones, ocres y rojizos, cuando nos adentramos en un espeso manto verde, amarillo y naranja que forman los pinos, álamos y abetos del bosque en la montaña de Boulder. Está incluida dentro del National Forest Dixie, el bosque más grande de Utah que se extiende a ambos lados, entre la brecha de la Gran Cuenca y el río Colorado.

La carretera, a lomos de esta montaña, va ganando altura hasta llegar al mirador Larb Hollow Overlook a casi 3000 m de altura. Desde esta atalaya , en dirección Este, podemos ver cómo se despliegan por capas, como las hojas de un libro, la naturaleza de Utah, desde el paisaje alpino hasta las llanuras semiáridas pasando por las cadenas montañosas con fantásticas formas.

Una mirada atrás nostálgica, sabiendo que debemos mirar hacia delante, contrasta con los ojos de la gente que llegan al mirador en dirección opuesta.

 

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Prados de montaña, pequeños arroyos, bosques de abetos y pistas forestales nos acompañan en el descenso conformando un paisaje de Alta Montaña y recuerdos al recién visitado P.N. Grand Teton.

A los pies de la montaña Boulder, nos recibe el pequeño pueblo homónimo, formado con varias granjas dispersas por la llanura. Buen sitio para comer productos ecológicos y coger fuerzas para las sorpresas que nos quedan por delante.

Continuará.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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