P.N. Hayedo de Tejera Negra: los colores del Otoño.

Desde mi improvisada atalaya observo como se despliega ante mis ojos esta gama cromática de colores. Pequeños puntos de colores ocres y amarillos destacan a lomos del macizo verde de Ayllón. Me dirijo hacia este cuadro de colores cálidos; para explorar y sentir la palpitación del cambio estacional que representa el Otoño.

Dejamos atrás el camping de Riaza y nos adentramos por carreteras secundarias en la bucólica Castilla descrita por grandes escritores como Bécquer, Antonio Machado o Azorín. Colinas de tierra rojiza y ocre con algunas filas de álamos bordean la carretera que lentamente se desperezan bajo las primeras luces del amanecer. Cruzamos algunos vetustos pueblos con casas de piedra labrada hasta llegar al pueblo de Cantalojas en un camino que se debe realizar de forma contemplativa, las carreteras invitan a ello.

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De forma infructuosa buscamos un supermercado o panadería. Así llegamos al único bar abierto del pueblo, abarrotado por ruidosos cazadores, que contrasta con la tranquilidad de las calles. Cargamos la comida en la mochila y tras un breve recorrido hasta al Centro de Interpretación del Parque dejamos el coche en el aparcamiento habilitado.

La ruta que escogemos de aproximación a la famosa Senda de las Carretas discurre de forma paralela y en medio de los valles del río Lillas y río Zarza en dirección SO. Después de dejar la pista de tierra dirección a Majaelrayo nos adentramos en unas grandes praderas y pastizales. El pequeño río Lillas y una taina de pizarras completan el decorado típico de Alta Montaña. Cruzamos el río a través de un puente de pizarras negras y nos adentramos en los bosques que dominan los robles y los pinos silvestres procedentes de repoblación. El verde y marrón colorean esta zona.

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Después de varias subidas y bajadas, por sendas y pistas forestales con buena pisada y bien señalizadas, llegamos a las inmediaciones del collado de Hornillo, el punto más alto de la ruta con 1641 m.

Al Sur la Loma de Calamorro se extiende bajo el Pico del Granero, frontera entre Guadalajara y Segovia. Mientras al NO se reparten numerosos puntos amarillos y marrones, son las jóvenes hayas que han sobrevivido al paso del tiempo y la acción humana, formando el protegido P.N. de Tejera Negra. Viendo la inaccesibilidad del enclave, protegido de forma natural por montañas, comprendemos la supervivencia de este bosque. Es sorprendente el clima creado a lomos del macizo de Ayllon para conservar el frágil ecosistema de las hayas, sobre todo en estas latitudes.

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Nuestra emoción ante el espectáculo de colores cálidos contrasta con un grupo de vacas que se encuentran en una pradera agujereada por pequeñas formaciones rocosas. A nuestro paso y ruido fotográfico, levantan la cabeza tranquilamente y sin dejar de mascar chicle nos miran con aire indiferente, para volver a agachar la cabeza y continuar arrancando hierba.

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Hemos dejado atrás el pardo robledal para adentrarnos en el sombrío hayedo.

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Los arboles se desnudan dejando al descubierto sus ramas y troncos blanquecinos cubiertos de musgo y líquenes.

El soleado día desliza unos tímidos rayos a través de las ramas, aunque la disposición de las mismas, perpendiculares a la luz solar, hacen que su entrada sea bastante difícil. Aún así la poca luz que se filtra crea un perfecto contraste de los colores verde oscuro, amarillo y marrón en todos sus matices.

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A medida que nos adentramos en este sombrío bosque cruzamos varios arroyos con poca agua y gran cantidad de hojas pardas deslizándose suavemente. Sobre la enorme capa de hojarasca marrón sobresalen el musgo y los líquenes que se adosan a los blanquecinos troncos de las hayas y a las rocas. Parecen mullidas protecciones frente a posibles talas del hombre. Es posible que algunas escondan los enormes tocones dejados después de la ultima tala en 1960.

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Es un dia soleado, pero la enorme sombra del hayedo con sus pequeños arroyos invitan a recordar a los paisajes de cuentos de hadas.

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Entregado a mis fantasías caminamos lentamente por el bosque, aunque en gran medida, el ritmo lo hemos descendido por la gran cantidad de gente que sube de forma acalorada y con la respiración entrecortada. Ha terminado el espectaculo de luces y colores de la naturaleza para dar paso a las enormes filas de personas que van hollando la senda. Animales domésticos, niños, mayores, hombres y mujeres suben a su ritmo en dirección al bosque que hemos dejado atrás. El parking interior del Parque está cerca pero la sensación de soledad y tranquilidad es un recuerdo lejano. De forma educada dejamos pasar algunos carros de bebes tirados por sufridos padres a través del sendero pedregoso.

Nos comemos los bocadillos a orillas del río Lillas donde el rumor del agua es amortiguado por las voces de grandes grupos de niños.

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Una vez pasamos el parking interior, realizamos la vuelta en dirección SE por las mullidas praderas que acompañan el río Lillas en su descenso hacia el Parking donde dejamos el coche. No hay sendero definido y el valle está poco concurrido.

A orillas del río encontramos un refugio utilizado por los pastores para recoger y guardar el ganado, en esta zona se les denomina tainas.

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La corriente del agua en el río Lillas es lenta y sosegada.

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Explorando este lugar tengo la sensación más palpable del significado del otoño. El robledal de la primera parte con una quietud estacional contrasta a la belleza del hayedo de la segunda parte que sólo podemos visualizar en esta época del año.

A pesar de las duras pendientes del inicio, el robledal me transmite inmovilidad y observo con asombro como el otoño ha sido capaz de almacenar en estas hojas toda la luz del pasado verano. Cobro consciencia del silencio con el murmullo de las hojas agitándose al viento y mi respiración entrecortada.

Las gamas cromáticas del hayedo que durante seis meses han madurado desde el verde claro hasta los colores amarillos, ocres y rojos del otoño, dan paso a las ramas desnudas del invierno durante los siguientes siete meses. En este sueño onírico del ciclo estacional me traslado cuando veo las últimas horas de estas hojas y el acercamiento a la muerte.

¿Buscamos en el otoño la tranquilidad y contemplación? ¿Explosión de colores cálidos en ambientes fríos? En ese caso debéis visitar este lugar y si es posible entre semana.

 

 

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