Gran Canyon: historia viva de la Tierra

Siguiendo nuestro roadtrip por tierras americanas nos dirigimos al famoso cañón del río Colorado. Después de recorrer varios kilómetros por la scenic road llamada Desert View paramos en el centro de visitantes de dicha carretera. Miradores, una torre y comercios se encuentran diseminados entre los grandes aparcamientos del área dedicada a esta carretera.

Ante nuestros ojos se despliega el mayor corredor geológico excavado por un río.11092015-_DSC3531

El interior de la Tierra es bastante reticente en ser mostrado, pero aquí el río Colorado y sus afluentes han ido cortando, de forma minuciosa y silenciosa, capa tras capa de sedimento dejando expuesto a la vista de todo el mundo millones de años de la historia de la Tierra.

Con los ojos abiertos de par en par y la garganta reseca por la emoción o el calor nos apostamos en el mirador recorriendo con la mirada todos los rincones de las empinadas paredes rocosas que forman el Cañón. Intentamos alcanzar el horizonte, pero la neblina y la distancia nos lo impiden, intentamos abarcar la amplitud de esta Garganta Roja pero una vez más desistimos. Así que nos acomodamos en la misma posición y con movimientos pequeños y cortos del cuello vamos escudriñando, como los halcones en busca de sus presas, todos los estratos de estas paredes.

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Voy leyendo los sedimentos que ha dejado a la vista el cauce del río Colorado, al igual que una enciclopedia de la Tierra.

Arenisca, piedra caliza y rocas son observadas por miles de turistas, donde nos impacta más el conjunto que el detalle. La elevación de la meseta del Colorado junto con el inacabado trabajo del río Colorado han permitido formar esta enorme Garganta en la Tierra.

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Acantilados casi simétricos y enfrentados están separados por un río rojizo y con tonos amarronados.

Después de captar parte de lo hemos visto en la cámara nos dirigimos a montar nuestro espacio de descanso en el Mather Campground. Una vez comemos, regresamos a ver este espectáculo de la naturaleza con otras luces, el atardecer. Cogemos un autobús de los tantos que realizan el trayecto por los numerosos miradores al Cañón y vamos al mirador South Kaibab Trailhead vemos que hay un sendero con escalones de piedra definidos que bajan y bajan en dirección al cauce del río. Caminando a lomos de esta enorme serpiente descendemos acompañados por grandes aves (halcones, águilas o cóndor) que pasan muy cerca de nuestras cabezas buscando sus nidos.

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Imbuidos por ese río rojizo descendemos a buen ritmo al amparo de la sombra. Aunque las vistas y las fotografías nos ralentizan la marcha, queremos bajar y acariciar esa agua. Con el descenso la presencia de personas disminuye al mismo tiempo que aumenta el silencio y la soledad. En ese momento cobro conciencia de la magnitud del Cañón y desistimos de nuestro intento de acercamiento a este río, tenemos que volver. No sin antes comprobar que las distancias son más reales y los detalles cobran forma. La consciencia de las dimensiones de esta enorme Garganta Roja desde su interior es muy diferente a la que intuimos desde cualquiera de los miradores.

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A medida que subimos el sol desciende en el horizonte ocultado por las inmensas paredes del Cañón, así que subimos con paso más ligero para comprobar las últimas luces del día proyectadas sobre la inmensidad de la Garganta. Vemos como los colores se van apagando a medida que el sol se esconde. Primero la zona cercana al cauce, donde los estratos bien definidos de arenisca rojiblanca y caliza de color carmesí intenso y después la zona más alta donde dominan el gris y el blanco.

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Todos los colores se van uniendo de manera ordenada al crepúsculo de la tarde, donde un cielo rojizo nos recuerda la inmensidad de los recuerdos de este día.

La brisa fresca de la mañana acaricia mi cara cuando salgo de la tienda de campaña y me dirijo al aseo. Un ruido cercano de ramas rotas entre la maleza y pinos me pone en alerta. Las primeras luces del alba se deslizan por los árboles pero no consigo ver de lo que se trata. Busco de acomodar la vista a la luz y consigo ver a unos pocos metros de la tienda de campaña a un grupo de pequeños ciervos realizando el último (o primer bocado) de hierba del día.

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Antes de visitar el Cañón desde las alturas, nos dirigimos a ver el amanecer desde uno de los miradores, hay muchos pero escogemos el más cercano al camping. Los miradores están apostados sobre roca firme en el borde del Cañón, así que sin temor al derrumbe me deslizo por la maraña de gente que abarrota el mirador. La salida del sol es un evento casi obligatorio de visitar en este lugar a juzgar por los cientos de personas que pacientemente esperamos.

No se trata de un viaje espiritual al interior de uno mismo como podríamos tener en otros lugares remotos, más bien es un espectáculo cómico y de belleza natural al mismo tiempo.

Colocar mi pequeño trípode se torna en una tarea ardua y peligrosa, miradas recelosas de personas con ojos rasgados ocupan la primera fila apostados como cazadores a la presa de la mejor imagen de postal. Con sonrisas y buenas intenciones me hago un hueco, ya ha salido el sol y no me he enterado. Ajusto la cámara y realizo algunas fotos al bello paisaje y al variopinto espectáculo del mirador.

Sin tiempo que perder, nos vamos al aeropuerto para subir a nuestro pájaro que nos llevará más cerca del Cañón.

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Ayer fue por tierra y hoy es por aire, queremos ver desde todos los ángulos esta enorme cicatriz geológica en la meseta de Colorado.

Entre altos pinos y coníferas despegamos dirección al Cañón. Una tupida alfombra verde ocupa las orillas del Cañón, es el bosque Nacional de Kaibab que contrasta con la tierra bajas y áridas que lo rodean.

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El hilo musical primero y la guía después ayudan a evadirte del terrible ruido de las aspas del helicóptero golpeando el aire que se encuentra.

Un viaje suave y con poca emoción donde la belleza del paisaje es el gran protagonista. Aunque ya no es el mismo estremecimiento que sentimos ayer cuando nos presentamos ante la enorme Garganta Roja. Amor a primera vista, lo llaman.

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Es nuestra última visita a un Parque Natural, tras más de diez días por tierras de USA hemos superado el periodo de adaptación a un lugar nuevo. Donde los primeros días pasaron con un ritmo alegre y amplio. Y después de la adaptación, percibimos con espanto cómo los días se van haciendo más ligeros y furtivos con una rapidez inquietante. Por ello, disfrutamos este Parque de una manera más intensa: amanecer y atardecer, donde la luz da una tregua a la dureza del mediodía.

Muchas imágenes habíamos visto antes de este Cañón, muchas hemos tomado con nuestras cámaras, pero ninguna es capaz de captar la enormidad desbordante de esta profunda Garganta. Aparecen el asombro y la frustración en mi mente ofreciendo un curioso enfrentamiento de emociones que me recuerdan que hay que disfrutar del momento dejando a un lado la voracidad compulsiva de recortar escenas y momentos mediante las fotografías. Aquí la fotografía propone y la imaginación hace el resto.

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