Ruta 66: instinto de supervivencia

En nuestro camino por tierras de USA pudimos disfrutar de esta histórica Carretera; un pequeño tramo desde Flagstaff hasta Kingman, discurriendo la mayor parte paralelos a la nueva Highway 40. Coleccionistas de coches, camiones y toda clase de reliquias relacionadas con esta Carretera se reparten en los diferentes pueblos que cruzamos. Se respira un aire de nostalgia reflejado en los ojos de los moteros que encontramos y curiosidad en los viajeros que no dejan de hacer fotos.

Quemar gasolina en el mismo lugar que lo hicieron miles de americanos en el pasado buscando el sueño californiano es un privilegio cinematográfico.

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Viejos moteles, vehículos destartalados, casas abandonadas a medio vivir… en algunas ocasiones, nos sentimos los protagonistas de una película de cine decadente y hundida donde el resto de personas que nos rodean son extraños contratados para rellenar las escenas.

Turistas y viajeros nos reunimos buscando fotografías o recuerdos de otra época amontonados en grandes estanterías.

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Viajando entre interminables trenes de mercancías y altas paredes de roca, que hemos de vigilar por si cae alguna (o eso pone en los carteles de la Carretera) llegamos a un viejo almacén a la orilla de la carretera. Un corvette rojo nos da la bienvenida descansando a la sombra del porche. Los viejos surtidores y grandes cajas llenas de botellas de refrescos nos recuerdan lo que fue en su día una gasolinera que servia para calmar la sed de los coches y las resecas gargantas de sus ocupantes antes de cruzar el desierto.

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Pasamos la noche en un motel de Williams, donde la mayor actividad nocturna la protagonizan los turistas que deambulan por los diferentes negocios montados alrededor de la Carretera. Decidimos ir a la calle paralela intentando buscar algo más peculiar y alejado de los focos turísticos. Pero no encontramos negocios, solo vemos viviendas con jardines enormes dibujando una trama urbana más propia de un polígono industrial que de un pueblo. No hay gente en la calle, todo el mundo está en la Carretera.

Regresamos a la Carretera donde hay instalada una pequeña feria junto a las vías del tren, aquí podemos ver a los autóctonos subidos a varias atracciones ambulantes, aunque viendo las caras de los jóvenes optamos por dejar esas emociones para otro momento. Tomamos algo en un bar cercano que tienen música en directo en el patio, por el bien de nuestros oídos preferimos entrar al salón donde nos sentamos solos pero rodeados de cuadros dibujados por un artista, o eso intuimos por los precios que aparecen.

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Tradición y negocio se unen para relanzar esta famosa carretera que poco a poco va cogiendo el aspecto de un museo al aire libre

No obstante, una carretera con tantos kilómetros siempre tiene rincones más alejados de los circuitos turísticos, donde el tiempo se ha parado y se puede respirar el auténtico ambiente.

Descubrir la ruta de una forma pausada y sosegada permite encontrar rincones más genuinos porque lo importante no es el destino sino el camino para llegar.

Williams


 

Muchas conclusiones puedo extraer de esta breve experiencia pero me quedo con las expresiones de la gente; miradas con un velo de nostalgia y curiosidad y otras de decepción o indiferencia. Al fin y al cabo se trata de un carretera con la historia de muchas personas que iban en búsqueda de sus sueños o viajeros épicos que se cruzaban el país buscando su identidad perdida. La cercana industria de Hollywood se ha encargado de magnificar estas historias para convertirlas en leyendas de manera que estando allí no te sientas como un desconocido en una tierra extraña.

En siglo XXI en este país llamado España tenemos algunas rutas 66, modernas y adaptadas a nuestro tiempo. Modernas autovías se llenan todos los veranos de grandes caravanas de coches que pasan zumbando por las áridas tierras de Castilla para descansar y disfrutar del clima mediterráneo. No hay moteles, pero sí grandes áreas de servicio,  y un sueño compartido llegar al destino con el mínimo tiempo posible con sus defectos comunes: desconocimiento de los los lugares por los que pasamos.

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Datos de interés:

  • Flagstaff: una ciudad volcada al ferrocarril y puerta de entrada/salida del Gran Cañón, merece la pena callejear y sobre todo visitar alguna de sus cervecerías con una cerveza casera muy interesante que te traslada al mismo centro de Europa.
  • Seligman: pequeño pueblo que vimos a primera hora de la mañana, aún no habían muchos viajeros y algunas tiendas estaban cerradas.
  • Peach Springs, lo vimos de pasada y lo poco que vimos no lo vimos como un lugar interesante para detenerse y explorar. Es el pueblo en el que se inspiró Pixar para el pueblo de Radiator Springs en la película Cars.
  • Hackberry General Store, el olor a vintage recorre todos los rincones de este viejo almacén donde los viajeros repostaban gasolina y se aprovisionaban de agua antes de cruzar el desierto hacia California. Hoy es una pequeña tienda para comprar toda clase de artículos relacionados con la Carretera y varias zonas interesantes para pasear y fotografiar en los alrededores. No dejéis de entrar a los aseos, tienen una decoración bastante “curiosa”.
  • Kingman, un pueblo más grande con varios sitios conocidos para comer como el famoso Mr D’Z, nosotros no entramos porque ya habíamos comido, pero tenía bastante gente. Cerca al bar hay un parque donde se expone la locomotora de vapor Santa Fe después de haber recorrido a lo largo de su historia 2.585.600 millas desde 1928 , su trayecto era Los Angeles – Kansas City.
  • Distancia total recorrida: 270 km unas 3h de recorrido en coche sin parar. Nosotros lo hicimos en un día parando a dormir en Williams. Es importante buscar motel a partir de las 18:00h, nosotros tuvimos alguna dificultad en encontrar a pesar de la gran oferta que había. No obstante, a la tercera ocasión encontramos un motel por 70$ sin desayuno. Al día siguiente y de camino Seligman vimos algunos moteles por la carretera que no aparecen en ninguna web ni están recomendados en ninguna agencia. En el espíritu de cada uno está la libertad de explorar y encontrar auténticos rincones o por el contrario sitios para olvidar.
  • Extra: no tuvimos tiempo de visitarlo pero a unos pocos km de Kingman se encuentra en mitad del desierto y cerca de Black Mountains el variopinto pueblo de Oatman.

 

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